¿Qué hace que cada cerebro sea diferente de cualquier otro? 

Cuando se plantea esa pregunta todo el mundo busca la respuesta en la misma causa: y es que lo ha producido el ambiente en el que ha crecido esa persona y el tipo de educación que ha recibido.

         Es cierto que estas son unas de las principales causas. La educación y el ambiente en el que se ha visto envuelta esa persona  influyen de manera irremediable, también lo hacen las experiencias vividas, ya que refuerzan cierto tipo de conexiones neuronales en el cerebro. Estas conexiones vienen ya determinadas en tipo y número por la genética que dan las instrucciones para la “arquitectura del órgano”.  Es decir que nuestros genes determinan el tipo y número de conexiones de neuronas, constituyendo una estructura y por lo tanto un comportamiento determinado del órgano.


En varias películas, series de televisión, libros se habla de los hermanos gemelos como mentes idénticas. Por ejemplo la escena en la que a uno de los hermanos sufre algún daño y el otro, por muy lejos que esté presiente que le está ocurriendo algo malo o cuando se dice que los gemelos piensan igual o que se completan las frases uno al otro cuando hablan. Pero realmente no ocurre así, sino que además podrían presentar personalidades opuestas. ¿Entonces por qué hermanos idénticos criados por los mismos padres pueden presentar comportamientos tan dispares?

Las investigaciones más recientes están descubriendo indicios de que otros factores de tipo genético influyen en la personalidad.  Hablan de factores que provocan la mutación de genes o modifican su comportamiento. Entre todos los factores posibles destacan en particular el corte y unión alternativo de genes; un único gen da lugar a dos o más proteínas diferentes. Al cambiar las proteínas que se producen el comportamiento del tejido al que pertenecen las células cambiará. Otro tipo de mutaciones son las que no alteran la información génica pero si alteran la actividad, lo que quiere decir que aumentan o disminuyen la síntesis de alguna proteína.

Sin embargo, la atención de los investigadores fue desviada hacia un tipo muy característico de genes, a los que llamaron genes saltarines ya que tenían la capacidad de separarse a sí mismos del ADN y de insertarse en cualquier otra parte del genoma. Esto ocurre a nivel celular y aquella célula en la que ocurra se comportará diferente a las de su entorno, por lo demás  permanecerá idéntica a estas. Si esto ocurre múltiples veces en múltiples células acabarán apareciendo diferencias que afectarán a las capacidades cognitivas, los rasgos de personalidad y a la propensión de padecer trastornos neurológicos.

Esto nos guía a otra pregunta que es ¿por qué existen estos genes? Si el cerebro es un órgano esencial para la supervivencia y las mutaciones pueden traer consecuencias graves, ¿Cuál es el motivo que evolución haya favorecido la existencia de estos genes? No hay una respuesta definitiva, pero las pruebas apuntan cada vez más a un rasgo adaptativo. Al igual que se requiere variedad en una población para que la especie sobreviva, este tipo de genes “procuran” que exista variedad en las células del cerebro. En otras palabras dotan al cerebro de una flexibilidad necesaria para poder adaptarse con rapidez a las circunstancias cambiantes. Por lo tanto se da por hecho que los beneficios adaptativos que ofrecen estos genes móviles superan los riesgos. Es por este motivo por el que están presentes en las especies.

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